Propósitos y metas personales

Fin de un nuevo año. Con cuánta ilusión muchos se proponen en estas fechas mejorar en tal o cual aspecto de su vida. Hace años leí que si nos empeñáramos en mejorar al menos en una virtud de forma anual, en poco tiempo seríamos personas totalmente distintas. Tal vez esta es una de las primeras causas por las que no mejoramos consistentemente con el paso del tiempo; la falta de enfoque. Tenemos tan buena voluntad por adelantar que centrarse en un solo aspecto durante un período más o menos largo de tiempo puede parecer poca generosidad. En un arranque de entusiasmo, nos planteamos metas que valen la pena, inalcanzables como las estrellas y nos olvidamos que una pendiente se sube escalón a escalón.

Algunos, como yo, escriben sobre un papel sus buenos propósitos. Después, el torbellino del día a día hace que lo verdaderamente importante pase a un noveno o décimo lugar. Quedando la mejora en aquella virtud o cualidad tan deseada en simples intenciones.

Para comenzar bien el 2018, bastaría comenzar con saber apuntar con la precisión de un francotirador a una sola cualidad. Podría parecer una simpleza. No es que allí nos vayamos a quedar, pero es importante saber escoger la ladera correcta para comenzar el ascenso al everest de nuestra mejora personal. Si pudiéramos escoger solamente una virtud, ¿cuál sería?, es importante incluso pedir ayuda para saber acertar en esta importante decisión. Sería suficiente el consejo sincero de la esposa o de un buen amigo para atinar en esta elección.

La conexión existente entre todas las virtudes hace que la mejora en cualquiera repercuta en las demás pero ¿de que serviría que alguien se planteara mejorar en el orden si tiene un carácter áspero que avasalla y perturba continuamente el ambiente familiar? O ¿Tendría sentido plantearse poner a buen tono su condición física cuando tiene más repercusiones en su vida ser un mal trabajador? Hemos de apuntar al tronco y no a las ramas, no engañarnos e ir a la raíz de la mayoría de nuestros descaminos.

Determinado el defecto a erradicar o la virtud a alcanzar hace falta ponerlo por escrito. En la labor ardua de los propios vencimientos la memoria no es nuestra mejor aliada. Después habría que estudiar e investigar sobre el tema en cuestión. A alguien empeñado en ser más humilde, por ejemplo, le puede servir consultar la multitud de tratados y escritos de personas que antes que él ha vencido en este aspecto. A veces, los defectos o la carencia de virtudes no se deben a mala voluntad sino a simple ignorancia.

Después vendrá la estrategia de mejora. No es la única forma de hacerlo pero la experiencia en estos temas dice que es mejor que el plan sea diario. Con solo preguntarse por la mañana, o la noche anterior como yo suelo hacerlo, «si hoy pudiera avanzar en solo un aspecto de esa virtud, ¿cuál sería?». En el caso de mejorar en la generosidad el propósito podría ser ¿a qué persona necesitada de mi ayuda podría dedicar hoy un algo de tiempo? O ¿De qué podría hoy desprenderme para darlo a alguien necesitado?

Por la noche, es conveniente registrar por escrito los pequeños o grandes avances en el tema de mejora y con la experiencia del éxito o del fracaso en ese día, formular el paso concreto del día siguiente. También nos daremos cuenta poco a poco que no existe mayor alegría que saborear la experiencia de rectificar y reemprender de nuevo el camino.

Cada semana podemos repasar, incluso contabilizándolo con un porcentaje, nuestros éxitos y fracasos. En mi caso particular confieso que superar el 55% es una proeza que no siempre consigo.

Si con constancia, perseveramos al final del año en nuestro empeño, nos llevaremos verdaderas sorpresas. Todo está en tener la audacia en dar el primer paso. El resto solo es cuestión de pulir, rectificar y sobre todo aprender de nuestra propia experiencia.

Se cumplirá, en este caso para bien, aquello de que «tanto va el cántaro al agua que al final se rompe». Con esa insistencia constante en hacer el bien conseguiremos derribar auténticas murallas.

Propósitos y metas personales
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