La Anécdota que hirió al orgullo gay

La anécdota que hirió al orgullo gay

Recuerdo el primer artículo polémico que publiqué hace más de cuatro años. Tomaba del P. José María Chiesa una anécdota que me pareció interesante entonces, y más actual ahora, con ocasión de la pasada celebración del llamado orgullo gay.

Anécdota que hirió al orgullo gay

Al inaugurarse una universidad un periodista entrevista al rector recién iniciado en funciones:

– ¿Admitirán profesores homosexuales?

– Sí, a un profesor homosexual lo admitiremos; pero a un profesor gay o a una profesora lesbiana no.

– No comprendo lo que dice, ¿me lo podría explicar?

– El homosexual es quien tiene tendencia sexual significativa hacia personas del mismo sexo, pero no reivindica públicamente esta inclinación como fuente de derechos; en cambio, el gay y la lesbiana sí reclaman, públicamente, que sus cópulas sexuales sean reconocidas como estilo de vida legítimo y pretendiendo derechos. En esta universidad se admitirá a un profesor homosexual, pero no a un profesor gay o a una profesora lesbiana.

– ¿Y cómo saber si un profesor es homosexual o gay o lesbiana?

– Si es homosexual nunca lo sabremos, pues en las entrevistas laborales no preguntamos qué inclinaciones sexuales tiene el aspirante, pues no es justo ni adecuado hacerlo. Pero quien es gay o lesbiana se sabe porque la persona exhibe sus inclinaciones y deseos sexuales reclamando trato especial. Si los que desean trabajar aquí tienen inclinación por la pornografía, o tentaciones de infidelidad, o inclinaciones heterosexuales u homosexuales, es algo que no compete a la universidad indagar. Pero eso no implica que debamos tolerar a profesores impudorosos que expresen ante sus alumnos los propios deseos sexuales; y lo dicho vale tanto para quien manifiesta sus deseos heterosexuales como homosexuales. Y si es necesario nos defenderemos con la ley.

La reacción

Esta breve anécdota que hirió al orgullo gay me valió ser objeto de un extenso artículo periodístico: La diferencia entre gay y homosexual y el colapso del servidor donde estaba alojado mi blog gratuito. Recuerdo el temor experimentado por comentarios agresivos procedentes de  todo el mundo y la eventual supresión de la anécdota de Internet.

Cuatro años después, con ocasión de los eventos recientes que tuvieron tanta notoriedad púbica, conversé con un amigo, que publica artículos de forma semanal en un reconocido diario. Me dijo que este tema genera tanta controversia y es de sesgos tan ideológicos que lo pensaría dos veces antes de publicar algo relacionado.

Sin entrar en asuntos como la dignidad de la persona humana y su sexualidad ni en valoraciones éticas que darían pie para utilizar el abundante material disponible, me limito a citar brevemente el mejor estudio científico que he visto sobre el tema. Se trata del artículo de 109 páginas, publicado también en español, por dos eminencias de la psiquiatría a nivel mundial: el Dr. Lawrence S. Mayer  y el Dr. Paul R. McHugh, ambos del Johns Hopkins University. La seriedad científica del documento está respaldada por las décadas de experiencia de los investigadores y por los centenares de estudios y documentos estudiados para el presente informe.

Es significativa la dedicatoria del Dr. Mayer al inicio del documento: “Dedico mi trabajo en este informe, en primer lugar, a la comunidad LGBT, que padece una tasa desproporcionada de problemas relacionados con la salud mental en comparación con la población general. Debemos hallar formas de aliviar ese sufrimiento.” Para los interesados, el site donde se puede leer dicho estudio se encuentra en: http://www.thenewatlantis.com/publications/number-50-fall-2016

En el resumen ejecutivo se menciona: “Este informe ofrece una explicación minuciosa, resumida y actualizada de los resultados de investigaciones en el ámbito de las ciencias biológicas, psicológicas y sociales acerca de la orientación sexual y la llamada “identidad de género.” Esperamos que esta exposición facilite la labor de los médicos, científicos y ciudadanos en general, a la hora de abordar las dudas que tienen algunas personas en nuestra sociedad.”

A continuación, reproduzco algunos de los hallazgos fundamentales de este estudio:

Primera Parte: Orientación sexual

• Las pruebas científicas no respaldan la visión de que la orientación sexual es una propiedad innata y biológicamente fija del ser humano (la idea de que los individuos “nacen así”).
• Si bien hay pruebas de que los factores biológicos, como los genes y las hormonas, están asociados a la conducta y a la atracción sexual, no existen explicaciones convincentes de que la orientación sexual en los seres humanos tenga una causalidad biológica determinista. Aunque los científicos han detectado ciertas diferencias menores en la estructura y la actividad cerebral de sujetos homosexuales y heterosexuales, esos descubrimientos neurobiológicos no aclaran si son innatas o fruto de factores ambientales y psicológicos. No aclaran si son causa o efecto de conductas humanas.
• Los estudios longitudinales en adolescentes apuntan a que la orientación sexual en algunas personas podría ser bastante flexibles a lo largo de la vida. En este sentido, en un estudio se estimaba que hasta un 80% de los adolescentes del sexo masculino que indican una atracción hacia el mismo sexo dejan de sentirla al alcanzar la edad adulta (no obstante, algunos investigadores cuestionan hasta qué punto esa cifra refleja realmente los cambios en la atracción hacia el mismo sexo o es consecuencia de defectos metodológicos de la encuesta).
• Se encuentran antecedentes de haber sufrido abusos sexuales dos o tres veces más frecuentemente en personas que no son heterosexuales en comparaciones con personas heterosexuales.

Segunda Parte: Sexualidad, indicadores de salud mental y estrés social

• En comparación con la población general, las subpoblaciones no heterosexuales tienen un riesgo más elevado de padecer diversos problemas de salud general y salud mental.
• Se estima que los miembros de la población no heterosexual tienen 1,5 veces más riesgo de trastornos de ansiedad que los miembros de la población heterosexual, así como aproximadamente el doble de riesgo de depresión, 1,5 veces más riesgo de abuso de sustancias y casi 2,5 veces más riesgo de suicidio.
• Los miembros de la población transgénero también presentan un mayor riesgo de sufrir diversos problemas de salud mental en comparación con los miembros de la población no transgénero. Resulta especialmente alarmante que en el colectivo transgénero, la tasa de intentos de suicidio a lo largo de la vida y para todas las edades se estime en un 41%, mientras que es menos de un 5% para la población general de los Estados Unidos.
• Hay pruebas, si bien limitadas, de que diversos factores de estrés social como la discriminación y la estigmatización, contribuyen a elevar el riesgo de problemas de salud mental de las poblaciones no heterosexual y transgénero. Es necesario llevar a cabo más estudios longitudinales de calidad para que el “modelo de estrés social” sea una herramienta útil para entender esos problemas de salud pública. Sin embargo, las diferencias antes descritas se encuentran incluso en entornos sociales donde no existe un ambiente de discriminación contra estas personas.

Tercera parte: Identidad de género

• Los estudios científicos no corroboran la hipótesis de que la identidad de género sea una propiedad innata y fija del ser humano e independiente del sexo biológico, es decir, que una persona sea “un hombre atrapado en un cuerpo de mujer” o “una mujer atrapada en un cuerpo de hombre,” como si hubiera un error en su cuerpo y sus órganos genitales.
• De acuerdo con una reciente estimación, aproximadamente el 0,6% de la población adulta estadounidense se identifica con un género que no se corresponde a su sexo biológico.
• Los estudios comparativos de la estructura cerebral de personas transgénero y no transgénero han demostrado la existencia de correlaciones débiles entre la estructura cerebral y la identificación transgénero. Esas correlaciones no constituyen una prueba de que la identificación transgénero tenga una base neurobiológica.
• En comparación con la población general, los adultos sometidos a cirugía de reasignación de sexo siguen experimentando un mayor riesgo de problemas de salud mental. En un estudio se observó que, en comparación con los grupos control, los individuos con reasignación de sexo tenían aproximadamente 5 veces más probabilidades de intentar suicidarse y 19 veces más de morir por suicidio.
• Los niños son un caso especial al abordar las cuestiones transgénero. Solo una pequeña minoría de los que manifiestan una “identificación de género cruzada” durante la niñez siguen haciéndolo en la adolescencia y la edad adulta.
• Son escasos los estudios científicos que avalen el valor terapéutico de los tratamientos para retrasar la pubertad o modificar las características sexuales secundarias en adolescentes, aunque algunos niños puedan mostrar un mayor bienestar psicológico si son apoyados y animados en su identificación de género cruzada. No existen pruebas de que a todos los niños con pensamientos o conductas de género atípicas haya que animarlos a convertirse en transgénero.

Me limito a citar una anécdota y un estudio científico. Para los que estén interesados en la polémica, les animo a referirse a las fuentes. Para mí, el orgullo gay debería referirse más al orgullo de ser personas, con una dignidad muy alta, no fabricada artificialmente sino recibida de alguien que nos trasciende y pensó en que valía la pena que existiéramos.

teremin1

RT @Pelencho50: @lindabran1 @nexnoticias Espero que se respete el derecho de cada grupo a expresarse, como se respetó la del orgullo gay. Q…
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