Biblioteca solidaria para Honduras

En el año 2003, por esas vueltas de la vida, atendí al director de la revista Mundo Cristiano de España, que andaba en nuestro país. En el paseo dominical que hicimos al lago de Yojoa, tuve la oportunidad de hablar largo y tendido con Darío Chimeno. Una de mis inquietudes en ese entonces era conseguir libros para fomentar la lectura entre los jóvenes de diversas iniciativas educativas con los que tenía relación. Fruto de esa conversación, meses después, aprovechando un viaje a Madrid, pude visitar la sede de una fundación que generosamente nos ha donado una buena cantidad de libros por varios años. Sin duda, este es uno de los mejores aportes en el crecimiento personal de los que yo y muchos jóvenes hondureños nos hemos beneficiado. En mis andanzas de docente de filosofía, cada vez estoy más convencido de la importancia de la lectura para aprender a pensar, reto educativo de siempre, pero quizá el más urgente en la  actualidad.

El filósofo alemán Edmund Husserl escribió que “el pensamiento siempre se hace en el lenguaje y está totalmente ligado a la palabra. Pensar, a diferencia de otras modalidades de la conciencia, es siempre lingüístico, siempre un uso del lenguaje”. Remontándonos a la larga tradición filosófica, encontramos que Aristóteles ya señalaba una estrecha relación entre el pensamiento, el habla y la escritura, casi como si fuesen una misma cosa.

La necesidad de generar un hábito de lectura se hace bastante evidente, con miras a ensanchar los propios horizontes vitales. La lectura nos vuelve expertos en humanidad. Especialmente los clásicos, nos muestran en sus distintas fascetas los principales problemas e intereses del hombre de todos los tiempos.

Después de la lectura, el siguiente paso que surge casi siempre con naturalidad es el de la escritura. Escribir, además de ayudar a ordenar las propias ideas, ayuda en primer lugar el descubrir la necesidad de tenerlas.  Generar el proceso de la escritura no es tan sencillo. Lo sabe cualquiera que lo haya intentado. Conforme paso más tiempo intentando escribir, me doy cuenta que se forma el talento para esta noble actividad mediante el esfuerzo por escribir cada vez mejor.

Si bien leer y escribir son actividades relativamente extendidas en el mundo contemporáneo, leer bien y escribir con propiedad son dos cosas diferentes. Un buen lector no se forja por la cantidad de libros que lee sino por el aprendizaje que logra de cada uno de ellos. Aprender a leer de manera crítica se consigue reflexionando y cuestionando lo leído. Forjar un buen escritor es bastante más complejo; ambas actividades requieren práctica constante y como dije antes, esfuerzo.

Envuelto en estos pensamientos estaba el veintiséis de junio pasado, fecha en la que se cumplen cuatro años de que comencé mi blog www.eticaysociedad.org. En aniversarios anteriores, procuré impulsar alguna iniciativa de solidaridad, ya que estoy convencido que no existe mejor actividad para promover la ética que fomentar la generosidad personal.

Juntando ideas y habilidades adquiridas en estos años, me propuse compartir la experiencia del camino recorrido de mi pasión por las buenas lecturas.

Así surgió el nuevo experimento de La Biblioteca Solidaria Para Honduras. La idea es obtener libros de comprobada calidad literaria y hacerlos llegar a niños y jóvenes de escasos recursos. El primer paso fue hacer un elenco de lecturas que me fueron de mucho provecho y luego habilitar la posibilidad a personas interesadas a sumarse a esta iniciativa. Todo plasmado en un site, que por el momento se encuentra en un dominio de uso personal: http://juancarlosoyuela.com/. La idea está tomando forma, con el entusiasmo de algunos amigos con los que la he comentado. Espero tener historias positivas para contar en poco tiempo. Gracias a Dios, una y otra vez compruebo que la generosidad es una virtud que resalta entre las personas que tengo la suerte de conocer.

Tegucigalpa, 12 de julio de 2017

Biblioteca solidaria para Honduras
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