Dos días en el corazón de las américas

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Hace algunas semanas estuve un par de días en Panamá por primera vez. Me impresionó la cantidad de construcciones por toda la ciudad. Panamá da una sensación de futuro y de pleno crecimiento. Una metrópolis donde confluyen multitud de razas y culturas. Punto de unión entre las Américas y lugar de paso para personas de todo el mundo. Junto con la modernidad y juventud, también se encuentran construcciones antiguas, algunas incluso abandonadas. Como en pequeños islotes, se pueden también contemplar barrios donde la pobreza también está presente.

Mientras Luis me llevaba por uno de los seis carriles de la autopista Balboa, la más moderna de la ciudad, me decía: “En estos últimos quince años, este país se ha reinventado dos veces”. Hacía alusión al gran desarrollo de la ciudad que ha atraído una gran cantidad de inversión y de personas de todo el mundo pero especialmente de América Latina.

Tenía más de diez años de no ver a mi anfitrión salvadoreño. Tomé sus comentarios como a los de un autorizado conocedor del mundo. Desde la última vez que habíamos conversado en Guatemala, residió en ciudades tan dispares como New York, Seúl y Hong Kong. Su amplia cultura y amena conversación convertía el agradable paseo turístico junto al pacífico en una invitación a conocer más sobre las culturas del mundo y abrir la existencia a personas de todos colores y condiciones.

Mientras entraba por la ventanilla del automóvil un agradable viento húmedo, me iba refiriendo diversos datos de la historia y cultura del País. Cuando pasábamos frente a una gran bandera panameña izada en el cerro Ancón me contó el suceso conocido como “el día de los mártires” ocurrido el nueve de enero de mil novecientos sesenta y cuatro. El hecho violento de ese día remarcó el respeto y amor de los panameños por ese símbolo patrio. Hablando del canal de Panamá me recomendó la lectura del libro de David G. McCullough “Un camino entre dos mares” que cuenta la historia de su construcción desde 1904 hasta 1914. Hito histórico de gran importancia y un drama humano devastador. En este libro se menciona que: “Exceptuando los conflictos bélicos, constituyó el esfuerzo más costoso, en dinero y en vidas humanas, de cuantos se han emprendido en el mundo.”

Al llegar a Punta Paitilla me dijo otra frase que me dejó pensando: “La diferencia de Panamá y el resto de Centro América es que este país sabe a donde va. Tiene un plan estratégico y los diferentes gobiernos lo han respetado”. Quedaba evidente ante los propios ojos la veracidad de estas palabras. La historia de la ampliación del canal de Panamá comenzada en el dos mil seis muestra esa visión del crecimiento y de modernidad.

En la Costa del Este, frente a varios condominios de más de setenta pisos, algunos en construcción, caminamos a la orilla del mar pacífico. Ya cercano el mediodía, con el calor y la humedad que se hacían sentir, en amena conversación, compartíamos los proyectos de este nuevo año. Me contó que recién terminó de escribir un libro sobre el Dr. Ernesto Cofiño. Guatemalteco con el que trabajó durante algunos años y que ahora está en proceso de canonización.

De regreso en Entremares, la residencia universitaria donde vive Luis, tomamos un rápido almuerzo y para luego salir por la tarde al canal de Panamá. Esta majestuosa obra de ingeniería de sesenta y cinco kilómetros de longitud es el corazón del país y una de las monumentales obras de construcción del siglo XX. Fuimos a conocer la ampliación del Canal, inaugurada el veintiséis de junio del año pasado. Pudimos tomar unas fotografías con una vista inmejorable del Puente Centenario, segundo que cruza el canal después del Puente de las Américas.

De regreso pasamos por la Ciudad del Saber, complejo que reúne en más de ciento veinte hectáreas múltiples iniciativas para fomentar el desarrollo sostenible basado en el conocimiento.

Terminé mi breve periplo panameño con el deseo de conocer más de este maravilloso país y de su gente acogedora. Tal vez en el futuro tenga la suerte de volver.

Tegucigalpa, 22 de enero de 2017