La escultura de la promoción 2016

Los últimos años, mis alumnos de ética me piden unas palabras de despedida. Un mensaje final como recomendación para la nueva etapa que comenzarán; sus estudios universitarios. Me gustaría inmortalizar este mensaje con una escultura que sirviera de testimonio para los siglos venideros. Un testimonio mudo y a la vez elocuente de un grupo maravilloso que me dejan muchas lecciones valiosas.

Recordarán el último trabajo pedido en la clase; ¿cómo combatir la corrupción en Honduras?. Todos aportaron valiosos elementos. No dejaron de sorprenderme gratamente las propuestas de algunos de ustedes; desde Rodrigo que planteaba vencer el germen de “corrupción endógena” que todos portamos enseñando a pensar a las personas. Otros propusieron mejorar la institucionalidad y el respeto de las leyes fortaleciendo el sistema judicial. Otro, con el sano idealismo de los 17 años, remarcó la necesidad de formar en solidaridad a todos los hondureños. Acercar los que tienen más a los que tienen menos, para constatar en primera persona las enormes necesidades y las consecuencias de la corrupción en los más desfavorecidos.

Después de repasar los análisis de la magnitud de los problemas sociales de Honduras, por un momento no pude evitar el pesimismo. Sin embargo, después de reflexionar sobre los puntos en común de todos los escritos, me di cuenta que al contemplar esta nueva generación, y a este grupo en concreto, no queda más alternativa que llenarme de esperanza y optimismo.

La escultura que pediría para inmortalizar este mensaje, mostraría a treinta y cuatro jóvenes realizando las más diversas tareas con la seriedad del trabajo bien hecho. Allí estarían los más brillantes, con inteligencias preclaras capaces de mostrar los avances de las diversas ciencias. Aunque personalmente me gustaría más poner en primer plano a los que supieron suplir con su trabajo, constante y esforzado, la posible desventaja en otras cualidades.

El trabajo, cualquiera que sea, realizado por amor, a conciencia, es para mí la primera cualidad que requiere todo el que desee sacar adelante nuestro país. Gracias a Dios, me consta, que todos ustedes han demostrado esta capacidad de trabajo hecho a conciencia.

La segunda cualidad que intentaría dejar plasmada en esta escultura es la del servicio. Por eso, no sería una escultura de una persona en particular. Servir se hace necesariamente en grupo. Para esto, pediría al escultor que reflejara a varios, ayudando a los demás, después de haber concluido con el trabajo personal.

La tercera cualidad que me gustaría encargar al escultor es que refleje un alto sentido de la ética y de los valores. Para esto, me gustaría que uno de los personajes mantuviera en alto una antorcha simbolizando la luz de la belleza, de la verdad y del bien. Este estudiante, radiante de alegría, aunque cansado por el esfuerzo, nos mostraría que la ética no es solamente para admirarla y conocerla sino sobre todo para ponerla en práctica. Ordinariamente con el ejercicio diario y esforzado de las virtudes.

Por último, mi escultura ideal no tendría nombres. Aunque para los conocedores de los Seniors 2016, cada personaje fuera perfectamente reconocible, preferiría mostrar que lo importante no está en figurar, sino en ser útil y servir. La ausencia de nombres sería además un canto de esperanza. Mostraría que el ideal de un grupo de amigos; leales, trabajadores, sinceros y esforzados, está al alcance de cualquiera de nosotros.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 27 de noviembre de 2016