¿Qué leer?

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La lectura del interesante artículo ¿Qué leer? (I): Nuestro mapa del mundo me trajo a la memoria un correo que recibí hace mucho tiempo. Lo guardé en mi baúl de material interesante, tal vez porque sentí cierta identificación con el caso de este amigo desconocido.

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Tengo varias adicciones. Tal vez la más esclavizante en estos últimos años es la que me ata a Internet. Se me hace difícil desconectar, aunque sea por un día. Esta adicción, posiblemente se alimenta de la curiosidad de buscar información; soy coleccionista empedernido de libros y artículos. El deseo de saber me engaña pensando que en algún momento encontraré tiempo para leer todo el material acumulado. Como si se tratase de una urraca que va coleccionando baratijas de los resplandores más variados, voy acumulando una cantidad ingente de información sin orden ni concierto. A veces, caigo en el engaño de que en algún momento estaré en una isla desierta junto con mi biblioteca, allí sí dispondré de todo el tiempo del mundo para la lectura.
Como siempre, cantidad va en detrimento de la calidad. En mi biblioteca particular tengo más de cinco mil libros, de las temáticas más variadas. Desde los dedicados a la formación, pasando por los de historia hasta los de pasatiempos más diversos. Obviamente, es mucho más material del que podré leer en toda mi vida.
En el caso de los artículos, la situación también es preocupante. A diario, dedico casi una hora a almacenar información que pienso será de utilidad en algún momento. Casi siempre se trata de artículos que podrán servir de inspiración para un futuro artículo o de recomendación para alguno de mis amigos o conocidos.
Una cosa es la cantidad de lecturas y otra el aprovechamiento. Mejor poco y bien, que mucho y mal.
Dime de que presumes y te diré que te falta dice el conocido refrán. La adicción a coleccionar información, tal vez sea manifestación de un complejo de inferioridad o la vanidad de querer ser visto como intelectual. En el fondo, es una valoración equivocada. Tanto sabes, tanto vales.
En todo caso, es algo irracional que establece unos rituales diarios o semanales que deben ser realizados a toda costa. Es llamativo, pero conforme pasan los años, el afán mal entendido de orden, se puede cristalizar en rutinas que si te descuidas, en lugar de perfeccionar, hacen que pierdas flexibilidad y disminuya el sentido crítico para valorar si este hábito es conveniente o no.
La verdad, es que dedico poco tiempo a leer. Si recortara el tiempo para coleccionar información, tal vez, podría ganar más en profundidad y en tiempo de lectura y estudio de temas transcendentales. Ganas de lectura y estudio no me faltan, pero el que mucho abarca poco aprieta. Habitualmente tengo varios libros que voy leyendo de forma simultanea.
Cuando más orden tuve en este campo, fue cuando una persona me recomendaba las lecturas, dedicaba un tiempo diario con constancia -incluso plasmado en el horario- y me había propuesto no tocar un libro nuevo hasta haber concluido el anterior.
La cantidad de libros y artículos que se pueden leer es enorme. Obviamente, siempre habrá más material del que podamos asimilar con provecho. Como en todo, no se trata de la cantidad sino de la calidad. En esto, también se podría aplicar el principio 80-20. Escoger el 20% de las mejores lecturas que pueda hacer y enfocarse en estas.
Ser consciente de las propias adicciones es sumamente valioso para controlarlas y ponerles medida. El esfuerzo de desconectar de Internet de estos días ha sido sumamente provechoso. Mi propósito: consultar de nuevo las lecturas y tomar control del tiempo que dedico a coleccionar información. 

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Internet, con su grandiosa utilidad, puede llegar a hastiar. Demasiados datos plantean la necesidad de saber escoger para no sucumbir ante la marea de información innecesaria. Utilizar la red con una finalidad específica, para no dejarnos atrapar por Internet que, como telaraña, puede envolvernos y asfixiarnos en un mundo irreal.

Hace falta disponer de tiempos y lugares para desconectar del mundo virtual y establecer conexiones con el mundo real; con las personas, con nosotros mismos. Hacen falta momentos de tranquilidad, al margen de los continuos reclamos de atención de las notificaciones del teléfono, de las redes sociales y de los mensajes de correo que quieren tiranizar nuestra atención. En ese mundo de puertas abiertas a toda clase de mensajes, falta discriminar para discernir lo que es importante de lo que no. Igual llama a la puerta un correo en el que se nos ofrece un curso on line, que carece de interés en ese momento, que un mensaje importante que necesita reflexión y en algunos casos, poner manos a la obra para convertirlo en acción.

Juan Carlos Oyuela

Tegucigalpa, 9 de octubre de 2016

@jcoyuela

www.eticaysociedad.org