Los cheques de la política en Honduras

Cheques

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La noticia sobre la existencia de unos cheques acaparó la atención esta semana. Supuestamente se financió la campaña de un partido político en Honduras con fondos del escandaloso desfalco del Seguro Social. Parece ser solamente la punta del iceberg de una red de corrupción que no se fraguó de la noche a la mañana. Las raíces profundas hemos de buscarlas posiblemente a lo largo de varios gobiernos. Tarde o temprano, cuando se destape la olla, seguramente saldrá a luz una oscura maraña de complicidades, bocas cerradas y conciencias adormecidas. Las autoridades aclararán esta historia de terror.

En cualquier caso, de existir o no estos cheques, lo cierto es que personas sin entrañas se han tomado a juego lo más valioso y sensible de una sociedad; la salud de los más pobres y necesitados. Han herido de muerte la ya moribunda confianza en nuestros sistemas de auditoría y control. La duración en el tiempo, el alcance en personas implicadas y la magnitud del daño dejan al descubierto muchas cosas. Obviamente no es solamente un asunto monetario. Además de la frágil institucionalidad y de la falta de ética queda al descubierto nuestra pasividad como sociedad y también un modo peculiar de hacer política.

La política en Honduras es una profesión desprestigiada. El que desea hacer el bien a los demás y cumplir con el deber es muchas veces calificado de ingenuo. En un ambiente de deshonestidad generalizada es seguro que encontrará dificultades de toda clase. En este oscuro submundo, para escalar posiciones es necesario recurrir a las apariencias, el engaño, las influencias, a la compraventa de favores.

En esta semana, recibí un correo en el que comentando otro artículo reciente, alababa el famoso “Príncipe” de Maquiavelo. El manual de aprendizaje para muchos politicastros de nuestra sociedad. En este libro, auténtico código de gansters brillan por su ausencia las palabras servicio, honestidad y honradez. Como muestra entresaqué alguna de sus “sabias” enseñanzas: «El príncipe no debería tener otra aspiración u otro pensamiento que la guerra.» «Un soberano prudente no ha de mantener su palabra, si es contra su interés.» «El príncipe debe con frecuencia obrar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión.» «Los hombres os tratarán siempre con falsía, a no ser que la necesidad los fuerce a ser verídicos.» «A los hombres hay que halagarlos o aniquilarlos.» «Un conquistador ha de cometer todas las crueldades de una vez» «los hombres en general son desagradecidos, disimulados, llenos de ansiedad por evitar los peligros, codiciosos de lucro». Con que claridad aparecen como calcadas con exactitud en estas máximas la conducta de muchos y muchas.

En contra de esta forma torcida de actuar, para enderezar y prestigiar la política necesitamos incluir en nuestro diccionario cívico las palabras transparencia, valentía y participación. Todos los males en el terreno político aparecen por nuestra abstención suicida. Lastimosamente la gran mayoría de los ciudadanos se ven paralizados por el miedo en el momento de participar y defender las propias convicciones. Ante la baba sucia de la corrupción, la valentía se muestra como uno de nuestros principales recursos. Hemos de comprender que nuestra intervención en la vida social no es un artículo de lujo sino que resulta absolutamente necesario, más cuando pueden estar en juego además de los nuestros, los derechos de otras personas.

En el mundo moderno, con tantas facilidades para hacer llegar a los demás nuestras opiniones, esta participación será muchas veces una sencilla carta a un medio de comunicación. En otras, será manifestar nuestro apoyo y solidaridad con las causas justas. Existen mil maneras educadas y respetuosas de mostrar nuestra conformidad o no con las situaciones cotidianas que se presentan en nuestra sociedad.

Para prestigiar la política y erradicar de raíz la corrupción hace falta una nueva generación de personas responsables. Que pasen a situarse con valentía en primera fila. Lo requiere la transformación que necesita nuestra sociedad. No hará falta en todos los casos enrolarse en un partido político. Basta con que asumamos con seriedad el compromiso de mejorar nuestro país y lo ejerzamos con valiente transparencia.

Juan Carlos Oyuela

@jcoyuela

Tegucigalpa, 16 de mayo de 2015

0801-1970-10465

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