El mejor regalo de Navidad

NavidadNo cabe duda, la Navidad es un tiempo especial. En las calles, personas corren de un lado a otro, afanadas por dar a sus familiares un regalo que exprese el cariño. Muchos corren…, quedándose a veces solamente en lo material de la celebración. Para muchos, Navidad es una luz de bengala, alegría de un momento de compartir con la familia, estrenar un vestido y nada más. Regalos, felicitaciones, abrazos y tal vez una tarjeta que al día siguiente se olvida en el cesto.

Para los cristianos, es momento de revivir un antes y un después en la historia. El nacimiento del hijo de Dios. Dios que se hace hombre para que el hombre se haga Dios. Audaz expresión dicha por los cristianos de los primeros siglos digna de ser meditada muchas veces.

Estos días previos, podríamos preguntarnos ¿cuál es el mejor regalo que esperan los demás de mí? Si lo pensamos un poco, seguramente llegaremos a la conclusión que el mejor regalo que podemos ofrecer no es de carácter material. De un modo u otro, los que nos quieren bien, nos pedirían en el fondo nuestro esfuerzo por ser mejores personas.

A veces estamos tan instalados en nuestros defectos, tan acostumbrados a nuestro modo de ser llegando a la desorientación de ver los defectos como virtudes o al revés. Planteamos a los demás adaptarse a nuestro modo y aguantarse con nuestro carácter, mejor dicho con nuestros caprichos y egoísmos.

El regalo más esperado por los demás es atrevernos a luchar de nuevo por ser mejores personas. Soltar las amarras de los vicios que nos atrapan día a día. Desprendernos de esas malas costumbres que a veces entorpecen la convivencia. Soltar los rencores, resentimientos, la indiferencia y frialdad con la que a veces tratamos a los que nos rodean.

Alguna esposa pediría a su marido el regalo de dedicar más tiempo a la familia. Un padre pediría a su hijo ser más responsable en sus estudios o en el cumplimiento del deber. Un hijo pediría a su mamá vivir mejor la caridad con la lengua y evitar críticas y murmuraciones a los vecinos, otro tal vez pediría más comprensión hacia los defectos ajenos… para dar en el clavo nos bastaría pensar en el reclamo más constante dirigido a nosotros durante este año nuestros seres queridos.

Nos puede dar miedo preguntar a los demás ese cambio esperado en nosotros. La falta de audacia de los últimos años puede haber entumecido nuestros músculos espirituales. El miedo a fallar, a hacer el ridículo, a dar el brazo a torcer pueden ser otros obstáculos. Necesitamos la humildad de planearnos recomenzar desde el inicio y adquirir las virtudes más elementales; ser más cordiales, trabajadores, sinceros, leales… no nos preocupe esto, en el camino por hacer el bien descubriremos con frecuencia estar en el inicio.

¿No sería bonito regalar a tus hijos el esfuerzo por escucharles más? ¿Qué tal ofrecer a tu esposa el empeño diario por ser más servicial en la casa? O ¿regalar a tus compañeros de trabajo la actitud leal de nunca hablar mal de ellos a sus espaldas?

Salgamos del refugio cómodo construido tal vez sin querer. Dejemos de escondernos detrás de una vida egoísta, sin rumbo y sin sentido. En esta Navidad salgamos de ese ambiente encerrado del acostumbramiento. Hagamos el propósito de hacer el regalo de una virtud que implique un acto nuevo de audacia cada día. Piensa en el regalo esperado con más ilusión por los demás. Plantéate el obsequio de una virtud concretada en hechos diarios, con este empeño, seguramente será la mejor Navidad de los últimos años.

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Tegucigalpa, 21 de diciembre de 2014

www.eticaysociedad.org

@jcoyuela

https://www.youtube.com/watch?v=GvCAMsuYNAU

El mejor regalo de Navidad
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