Entre la indiferencia y la intolerancia

toleranciaAgradezco a Camille Schmitd el comentario en su blog Artículos: “Vivimos en una Sociedad Intolerante” en donde hace referencia al artículo aparecido meses atrás en en www.eticaysociedad.org “Vivimos en una sociedad intolerante”.Es difícil practicar la tolerancia, pero es más difícil todavía entenderla y tratar de explicarla. Es claro que no podemos tolerar todo y tampoco ser intolerantes con todo. Encontrar el justo medio, el momento, con qué y el modo de ser tolerantes es un verdadero arte, ejercicio exquisito de la prudencia.

Siempre me ha llamado la atención que Voltaire en su Tratado sobre la tolerancia termine con una oración dirigida a Dios. En vida intolerante a muerte con la Iglesia Católica y el cristianismo. Al final de sus días dio indicios de su regreso a la fe. En esta oración al concluir el libro menciona lo siguiente:

Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedirte algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades. Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos; haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra; que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.
¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos! ¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica! Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante.

Muchos tienen la idea de que ser tolerantes es “dejar hacer y dejar pasar”. Respetar, por encima de todo, la autonomía de cada uno en la toma de decisiones. La elección personal, la propia libertad, estaría por encima de cualquier valor sin importar el daño ocasionado o las consecuencias. En días recientes, por ejemplo, fuimos testigos de la decisión de Brittany Maynard, la mujer estadounidense de 29 años que decidió morir el 1 de noviembre para evitar el avance de un cáncer terminal.

El respeto y amor a la libertad muestra nuestra dignidad de personas. No hemos de olvidar que esa libertad, ha de estar orientada hacia nuestro propio bien. Podemos usar la mano para degollarnos la cabeza con un cuchillo pero está claro que tenemos la mano para servirnos y ayudarnos de forma positiva. Ser tolerante no es llamar bien a lo que está mal o llamar mal a lo que está bien. Para ser verdaderamente tolerante hace falta esfuerzo por conocer el bien conveniente a buscar y del mal a evitar. Sin juzgar a Brittany, ninguno puede saber realmente los factores que le hayan llevado a tomar esta decisión, podemos decir con claridad que la acción de quitar y quitarse la vida es una acción equivocada, incluso para evitar el sufrimiento. Una de las razones es que la vida es un bien más alto que la libertad personal; un bien tan alto que nadie, incluida la misma persona, puede decidir renunciar a él. En este caso, como en todos los de la vida real, las cosas no suelen ser blanco y negro, vivir o no vivir. Existen alternativas como los cuidados paliativos, tan avanzados en los últimos años, que permiten a las personas prepararse dignamente a morir. Podemos llegar a comprender a las personas pero esto no ha de llevarnos a una postura de indiferencia en la que todo se puede y todo está permitido.

Para entender la tolerancia en su justa medida es necesario saber la existencia de acciones que, para todas las personas de todas las épocas, implican un daño o un mal objetivo que no es conveniente. Una definición clásica de tolerancia es “permitir el mal sin aprobarlo”. Se permite, no porque se apruebe la acción mala sino porque valorando en conjunto lo que está en juego, se llega a la conclusión que para evitar un mal mayor es necesario aceptar un mal menor o en vistas a obtener un bien mayor se acepta parcial o temporalmente un mal. Es más fácil hablar de tolerancia cuando los efectos del mal tocan a otras personas. Tolerar recibir una ofensa cuando nos afecta en carne propia o uno de los nuestros, requiere grandeza de alma. Saber comprender que los demás pueden equivocarse, que pueden hacernos daño. En este caso la tolerancia requerirá aprender a perdonar y disculpar de corazón.

Existen bienes tan altos en los que ceder por tolerancia siempre representa una cobardía. ¿Sería válido tolerar el tráfico de órganos o de personas?¿Sería correcto ser tolerantes con las acciones terroristas de un grupo determinado?Hemos de respetar siempre a las personas pero existen acciones que nunca serán tolerables a menos que caigamos en la indiferencia. Indiferencia que es difícil mantener cuando estas acciones atentan contra nosotros mismos.

Para convivir en paz es necesario respeto a la diversidad de posturas y opiniones. Me gusta pensar que el peligro de la indiferencia, en el que no nos importan las posturas de los otros se evita adentrándonos en el ámbito de la solidaridad en donde nos hacemos sensibles por el mal y las deficiencias padecidas por nuestros semejantes. Por ejemplo, es más fácil para una madre, que ama a su hijo, saber cuando tolerar y cuando no una acción incorrecta de su hijo porque en el fondo quiere lo mejor para él.

Al final nos daremos cuenta que solamente el verdadero amor y la preocupación de unos por otros nos dan las herramientas necesarias para ejercitar la verdadera tolerancia. Solamente la misericordia y la compasión por los errores de los demás nos agrandarán de corazón para comprender que los demás pueden equivocarse, igual que nos pasa a nosotros. Aprenderemos a devolver bien por mal superando los escollos del resentimiento.

@jcoyuela