Mentalidad positiva y responsabilidad

El post Oportunidades por montones del el blog de Camille Schmitd me da ocasión de comentar algunas ideas sobre la mentalidad positiva y el efecto Pigmalión, tan utilizado en la literatura de superación personal. Copio de Wikipedia la siguiente descripción: “El efecto Pigmalión tiene su origen en un mito griego, en el que un escultor llamado Pigmalión (Πυγμαλίων en griego antiguo) se enamoró de una de sus creaciones: Galatea. A tal punto llegó su pasión por la escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. El mito continúa cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, por obra de Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la estatua, que representaba a la mujer de sus sueños.

Pigmalión y Galatea, por Angelo Bronzino (1530).

Este suceso fue nombrado como el efecto Pigmalión ya que superó lo que esperaba de sí mismo y al creer que la estatua estaba viva esta llegó efectivamente a estarlo. Igualmente el término también encuentra su origen en la obra de teatro Pigmalión de George Bernard Shaw.”

Recuerdo un curso sobre ventas al que asistí hace algunos años en el que se “vendía” la idea de que si lográbamos convencernos de que éramos unos grandes vendedores, tarde o temprano terminaríamos por llegar a serlo. Esta expresión es similar a una atribuida a William James, filósofo pragmático estadounidense que decía: “Si quieres ser feliz actúa como si la lo fueras”.

Es indudable la importancia de la motivación y las expectativas positivas respecto a nosotros y a las demás personas. Alfonso Aguíló lo describe estupendamente en su artículo La fuerza de la expectativa en donde se cuenta el siguiente experimento realizado con un grupo de estudiantes:

Corría el curso 1968-69, en un colegio de California. El Doctor Robert Rosenthal cerró su portafolios y se dirigió a un grupo de profesores que le escuchaba con atención: “Los resultados de las pruebas realizadas no dejan lugar a dudas. Estoy en condiciones de asegurarles que este 20 por 100 de alumnos que les he señalado tiene unas capacidades intelectuales superiores a lo normal”. Los profesores tomaron buena nota de todo aquello y regresaron a su trabajo habitual. Ocho meses más tarde, las calificaciones finales arrojaban un resultado contundente: el rendimiento de ese grupo de alumnos teóricamente más inteligente era notoriamente superior al del resto.

La anécdota, y su conclusión, parecen obvias. Pero hay un pequeño detalle: Rosenthal había elegido ese 20 por 100 de alumnos al azar.

El experimento de este profesor de Harvard es bastante conocido en el mundo de la educación. Lo que había mejorado el rendimiento de esos alumnos no eran sus aptitudes naturales, sino las altas expectativas de sus profesores y la mayor atención que –quizá inconscientemente– todos les habían dedicado. A su vez, los propios alumnos, conscientes de que se esperaba más de ellos, también se habían esforzado más.

Lo anterior me recuerda las palabras del escritor alemán Goethe:

Trata a un hombre tal como es,
y seguirá siendo lo que es;
trátalo como puede y debe ser,
y se convertirá en lo que puede y debe ser.

 

Es importante cultivar el pensamiento positivo en nuestras vidas. Todos sabemos la necesidad de confiar en poder alcanzar una meta para lograrla. El pensamiento positivo es el inicio pero no basta, hace falta un complemento. De lo contrario se cae en una postura que en lugar de cultivar un sano optimismo nos puede conducir a la más profunda de las frustraciones. Tarde o temprano, la vida misma nos coloca ante la realidad y si esta realidad no concuerda con la imagen mental que nos hemos forjado iremos de decepción en decepción.

La vida es un don, un gran regalo que nosotros no nos hemos dado a nosotros mismos. Nuestras cualidades y talentos, pocos o muchos, los hemos recibido. Los podemos cultivar y desarrollar solamente si los valoramos y aprendemos a ser agradecidos y responsables. El optimismo es la postura natural del hombre que se da cuenta que no ha pagado ni merece lo más valioso que posee. Ante estas cualidades y oportunidades que nos brinda Dios la postura adecuada es el agradecimiento pero también la responsabilidad.

Existen personas que tienen miedo a recibir dones: una familia, un nuevo hijo… porque detrás de cada nueva oportunidad o regalo que se nos brinda existe la responsabilidad de custodiarla, de hacerla crecer y rendir en bien propio y en bien de los demás. Y esto exige esfuerzo, complicarse la vida, entregarse, en una palabra amar.

Pensamiento positivo, si de acuerdo. Pero también el humilde realismo de conocer nuestras limitaciones. Reconocer esas limitaciones es el primer paso para trabajar con ellas y en convertirlas en oportunidades de crecimiento personal. En mi caso personal, mis amigos podrían decir claramente que no basta mentalizarme que juego al fútbol como Messi o Cristiano Ronaldo para comenzar a hacerlo. Hace falta ver mis condiciones actuales y aplicarme con esfuerzo para ir mejorando poco a poco. Por mis aptitudes físicas y de talento es posible que mejore con un esforzado entrenamiento pero posiblemente nunca llegue a superar a estas dos superestrellas.

Hemos de adquirir la sabiduría de proyectar el futuro. El futuro puede presentarse como un campo abierto a las realizaciones o como un terreno minado de peligros, como un camino claro rumbo a la felicidad, o como una tortuosa senda en la obscura y pavorosa selva. Hay quien se aventura  por su futuro con espíritu de conquista, y hay también quien se adentra en él con ánimo acobardado.  Mentalidad positiva, pero también trabajo duro y esforzado. Aplicarnos a desarrollar las virtudes que serán el sustento real para alcanzar las más altas metas que nos propongamos.

@jcoyuela