Caso de ética: evasión de impuestos

Evasión de impuestos, caso práctico

Juan Carlos Oyuela

Caso de evasión de impuestosAlberto, empresario de una industria de más de dos mil empleados, ha cumplido setenta años y piensa en retirarse. Aprovechando unas vacaciones de verano, reflexiona en su lujosa finca sobre lo que ha sido su vida en los negocios. Después de un comienzo difícil, prácticamente sin nada, a los cuarenta años comenzó a irle bien en su empresa. Fue hace prácticamente hace diez años que los beneficios se dispararon, gracias a la habilidad de sus abogados para no pagar la totalidad de los impuestos correspondientes al estado.

Una tarde, durante la lectura casual de un libro de ética empresarial, comenzó a dudar sobre la honestidad de su comportamiento en el tema de los impuestos. Al parecer, su comportamiento, especialmente en los últimos años, no solamente había sido ilegal sino claramente inmoral; se había acentuado su inclinación a los lujos y caprichos, totalmente ajeno a la pobreza y miseria generalizada de su país. Al principio, le pareció que el autor del libro de ética exageraba. Desde ese momento, no le abandonaba una cierta sensación de duda e intranquilidad interior.

¿Qué hacer? Declarar la verdad ahora, después de tantos años, no tenía sentido. Entre otras cosas porque una rígida inspección en las finanzas de su empresa pondría en riesgo la continuidad del negocio; que quiérase o no, brindaba empleo y beneficios por lo menos a dos mil empleados y sus familias. Por otro lado, no estaba del todo convencido de pagar tanto dinero en impuestos a una administración pública que se caracterizaba por el despilfarro y por el empleo de fondos en muchas actividades que a él le parecían completamente ilícitas.

Consulta estas dudas a su hermano, que participa también desde hace años en la administración de las empresas, y le dice que sus escrúpulos son totalmente infundados: la mayoría de las empresas como la suya hacen lo mismo; además, el Estado ya cuenta en su presupuesto un porcentaje de dinero no recaudado por evasión fiscal; además, visto en números globales, la cantidad pagada en estos años ha sido considerable.

Alberto no se queda tranquilo con estas explicaciones y casualmente coincide con el autor del libro de ética en uno de sus viajes. Después de una plática sincera, llega a la conclusión de que restituirá lo que no ha pagado en impuestos;  pero no lo hará al gobierno sino que creará una Fundación que ataque los problemas de fondo de la pobreza de su país.

Copio este caso, con ciertos retoques, del libro “Ética Empresarial, teoría y casos” de Rafael Gómez Pérez. En esta historia de evasión de impuestos, está clara la obligación de restituir en vistas al bien común de la sociedad. No valen las excusas del tiempo pasado, de la situación generalizada de evitar las contribuciones fiscales; tampoco es excusa la administración poco clara de los fondos por parte del gobierno. Nuestra obligación como ciudadanos, que han de colaborar al bien de la sociedad, es el de pagar los impuestos que establecen las leyes.

La malversación de los fondos del gobierno, si existiese y se prueba en las instancias correspondientes, es otra historia que no exime de nuestra obligación de aportar al Estado. Queda claro que la malversación de fondos por parte de un funcionario es una falta de ética muy grande, agravada con la pobreza en la que está sumergido este país en concreto.

Este caso me gustó como ejemplo de cambio de las personas, nunca es tarde para rectificar. La conciencia de Alberto no le deja tranquilo, después de una vida en la que no se daba importancia a la ética, al final termina por cambiar. También es censurable la vida llena de lujos y comodidades, viviendo de espaldas a la situación de pobreza de tantas personas.

No hemos de ser inclinados a poner etiquetas: corrupto, mentiroso, estafador, fraudulento, ladrón… todos cometemos malas acciones que sin duda dejan huella y tienden a crear malos hábitos pero gracias a Dios las personas podemos cambiar… ojalá que este caso nos sirva para mejorar en responsabilidad, darnos cuenta que todos hemos de contribuir, con dinero y tiempo al bien común pensando especialmente en los más necesitados.

@jcoyuela

Caso de ética: evasión de impuestos
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