La necesidad de los hábitos buenos

Ghandi dijo en una ocasión que aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas, no estarán nunca en la fila de los hombres que apuestan por los cambios trascendentales.

Antes de comenzar en pensar en mejorar un país hemos de pensar en mejorarnos a nosotros mismos, antes de que un esposo se plantee querer mejorar a su esposa ha de esforzarse por dar buen ejemplo de cariño, entrega, amabilidad. Antes de plantearse cambiar una sociedad y pensar que los problemas se cambian con mejores leyes hemos de plantearnos que el país mejora si las personas que vivimos en él procuramos mejorar.
Los hombres nos hacemos mejores con los hábitos buenos, y empeoramos con los vicios. Cada acción que realizamos deja una huella en nosotros. Por esto es muy importante pensar en qué estamos procurando mejorar en este momento, qué hábito bueno estamos procurando adquirir.
El que no se plantea ser mejor cada día, necesariamente el influjo del ambiente termina llevándolo por el camino de lo más fácil y a veces por otros caminos que nos avergüenzan. Es más fácil dejarse llevar por la pereza que ser laborioso, más fácil dejarse llevar por la mediocridad que proponerse metas altas e ideales altos, más fácil ceder a la corrupción que proponerse una vida honesta y ética que respeta las leyes del país y a los demás.
Aunque a veces tengamos muy buenas intenciones y deseos de grandes reformas, no podemos mejorar  muchos buenos hábitos a la vez. El que mucho abarca poco aprieta, así que hemos de reconocer que podemos mejorar en pocas cosas al mismo tiempo pero que hemos de decidirnos y tomarnos muy en serio nuestras metas y ser constantes: porque en esta constancia está el secreto de adquirir los buenos hábitos.
Tengo que admitir que he sido aficionado a ciertos libros de mejora personal: cómo alcanzar metas, métodos para organizarse mejor, formas de ser más productivo etc. Pero he encontrado que tener ideas maravillosas es fácil, incluso yo tengo el atrevimiento de mencionar algunas, eso es un buen comienzo pero lo que importa de verdad para mejorar como persona es aplicarse con constancia, todos los días, a aquella práctica que consideramos necesitamos para ascender en el camino de ser mejores.
La foto que les adjunto en el artículo es el calendario que he tenido junto a mi escritorio en las últimas dos semanas. En ningún momento planteo ponerme de ejemplo, pero lo cuento por si a alguno le sirve la experiencia y la puede aplicar.
En estas dos semanas me había planteado recuperar el ejercicio diario. Llevaba varios días que hacía el propósito de levantarme unos minutos antes en la mañana y hacer una rutina de ejercicios que he practicado años atrás y que he comprobado me ayuda mucho a sentirme mejor. A pesar de la buena intención, no lograba comenzar así que decidí proponérmelo como uno de los pócos hábitos a incorporar en el mes de junio.
Como ven en la foto, las x marcan los días que sí logré hacer mi plan de ejercicios. Podrán ver que tres días están en blanco, por diferentes circunstancias no logré vencerme y hacer el plan, sin embargo tengo que agradecer que durante diez días sí lo logré, sin contar con los primeros dos días del mes de julio que también lo hice.
¿Para que me sirve el calendario frente al escritorio? Para recordarme la importancia de esta pequeña meta que me he puesto, al mismo tiempo de motivación para no abandonarlo y procurar que ningún día quede sin su marca. Además, para mí que trato por poner una intención sobrenatural a lo que hago me sirve para ofrecer a Dios el esfuerzo que ha comportado este vencimiento diario.
Como los hombres somos seres de costumbres, puedo decirles que después de varios días esforzándonos por hacer algo bueno, lo que sea: ejercicio, tratar de ser más servicial en la casa, escribir o leer un libro, hacer oración etc. Lo que sea que nos propongamos, con pequeñas prácticas hechas a diario, con constancia, medibles al cabo de poco tiempo nos maravillaremos de los cambios que vamos experimentando.
Como ha dicho alguien, la más larga caminata comienza con un paso o como dice San Josemaría Escrivá del que procuro aprender todos los días: ¿Has visto cómo levantaron aquel edificio de grandeza imponente? –Un ladrillo, y otro. Miles. Pero, uno a uno. –Y sacos de cemento, uno a uno. Y sillares, que suponen poco, ante la mole del conjunto. –Y trozos de hierro. –Y obreros que trabajan, día a día, las mismas horas…
¿Viste cómo alzaron aquel edificio de grandeza imponente?… –¡A fuerza de cosas pequeñas! (Camino 823)
La necesidad de los hábitos buenos
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